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¿Qué tan “buena” es la comida de la fonda? Elige el plato más equilibrado en cualquier puesto o restaurante económico

La fonda, la cocina económica y el puesto de comida corrida forman parte del día a día de millones de mexicanos. Son accesibles, abundantes y, muchas veces, más cercanas a la cocina casera que a la comida ultraprocesada. Sin embargo, también cargan con una fama ambigua: para algunos son sinónimo de comida “pesada”; para otros, la opción más realista para comer bien sin gastar de más. La verdad está en un punto intermedio y depende, en gran medida, de saber elegir.

La comida de fonda no es mala por definición. De hecho, muchos de sus platillos tradicionales se basan en combinaciones nutricionalmente sólidas: leguminosas, cereales, verduras y preparaciones sencillas. El problema aparece cuando el equilibrio se rompe por exceso de frituras, porciones muy grandes o una presencia mínima de vegetales. Aprender a leer el menú con criterio puede marcar una gran diferencia sin dejar de disfrutar.

El primer paso es observar cómo está construido el plato. En una comida corrida típica hay sopa, plato fuerte, guarnición y agua fresca. Aquí conviene empezar por la sopa. Las sopas de verduras, caldos claros o consomés suelen ser una buena opción para hidratar, aportar fibra y moderar el apetito. En cambio, las sopas muy cremosas o con exceso de pasta y grasa pueden llenar rápido sin nutrir tanto. No se trata de evitarlas siempre, sino de no convertirlas en la base diaria.

En el plato fuerte, la clave está en la preparación más que en el ingrediente. Un guisado de pollo en salsa verde, pescado a la mexicana o bistec encebollado suele ser más equilibrado que opciones empanizadas o fritas, como milanesas o chiles rellenos capeados. Si hay opción de huevo, los huevos a la mexicana o con verduras suelen ser una alternativa económica y completa, sobre todo cuando se acompañan bien.

Las guarniciones dicen mucho del balance del plato. El arroz y los frijoles son clásicos y, juntos, forman una proteína vegetal de buena calidad. El detalle está en la cantidad y el tipo de cocción. Elegir porciones moderadas y preferir frijoles de la olla sobre los refritos muy grasosos ayuda a mantener el equilibrio. Si hay verduras guisadas, nopales o ensalada, vale la pena darles protagonismo, aunque no sean lo más vistoso del menú.

Las tortillas y el pan son parte natural de la comida mexicana, no el enemigo. El problema surge cuando se comen de forma automática y sin notar cuántas se consumen. Usarlas como complemento y no como base del plato permite disfrutar sin excesos. Lo mismo aplica para las salsas: aportan sabor y antioxidantes, pero conviene moderar las muy cremosas o cargadas de aceite.

Un punto frecuentemente ignorado es la bebida. Las aguas frescas pueden ser refrescantes, pero muchas contienen grandes cantidades de azúcar. Optar por agua simple o pedir el agua con poca azúcar es un ajuste pequeño con gran impacto. Si solo hay refresco, reducir la cantidad ya es una mejora frente al consumo habitual.

Comer en fonda también tiene ventajas que rara vez se reconocen. Las porciones suelen ser suficientes para sostener una jornada laboral, los ingredientes son locales y el precio permite comer caliente y variado. Además, al no depender de empaques ni ultraprocesados, muchas fondas ofrecen comida menos industrializada que otras opciones “rápidas”.

Elegir bien en una fonda no significa comer perfecto, sino comer mejor de forma constante. Observar el menú, preferir guisados sencillos, sumar verduras y moderar frituras y azúcares convierte a la comida económica en una aliada, no en un problema. En un contexto donde no siempre se puede elegir dónde comer, aprender a decidir qué poner en el plato es una forma práctica y realista de cuidar la salud sin renunciar a la tradición.

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