Con la reforma electoral en el radar político, la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, salió a fijar postura: si la iniciativa llega a San Lázaro, el debate será transparente, plural y con respeto a todas las voces.
En términos prácticos, lo que se discute no es menor. Una reforma electoral implica tocar las reglas bajo las que se compite por el poder: cómo se organizan las elecciones, qué controles existen sobre el dinero en campañas y qué mecanismos garantizan que el voto sea libre y auténtico. Por eso, la legisladora aseguró que su responsabilidad institucional será garantizar que cada diputado exponga su postura y que la ciudadanía pueda seguir de frente la discusión.
Explicó que existe un plazo constitucional que no puede ignorarse: cualquier cambio en materia electoral debe aprobarse al menos 90 días antes del inicio del proceso electoral. Esta regla busca dar certeza y evitar modificaciones de última hora que alteren la competencia. Además, recordó que también está en la agenda una iniciativa ciudadana, lo que obligará a escuchar propuestas que no vienen directamente de los partidos.
López Rabadán subrayó que una reforma debe fortalecer la democracia, proteger el voto y evitar que el crimen organizado influya con recursos ilícitos o presiones. Pero también fue clara: si los cambios significan retrocesos, entonces no hay urgencia. El mensaje es político y técnico a la vez: no todo cambio es sinónimo de avance.
En otro frente, al referirse a los bloqueos y hechos violentos registrados tras un operativo federal reciente, llamó a reconocer tanto la serenidad de las familias como la actuación de las fuerzas armadas. Señaló que durante la ceremonia del Día de la Bandera expresó su reconocimiento al general Ricardo Trevilla Trejo por la labor realizada.
La diputada destacó que, pese al contexto complejo, los poderes del Estado continúan trabajando y que la Cámara no ha frenado sus actividades. En su visión, eso también forma parte del mensaje institucional: estabilidad y continuidad en medio de la discusión política.
Así, el posible debate sobre la reforma electoral no solo pondrá a prueba las mayorías en el Congreso, sino también la capacidad de construir acuerdos bajo reglas claras y de cara a la ciudadanía.






