La noche del lunes se quedó con las ganas de nota en el Palacio Legislativo de San Lázaro. La tan anunciada iniciativa de reforma electoral brilló por su ausencia, obligando a los legisladores a meter el freno de mano. Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva, salió al quite ante la prensa en los pasillos del recinto para confirmar que el documento no pisaría el Congreso durante la velada.
Sin dar mayores rodeos ni exigir explicaciones sobre el motivo del retraso, la legisladora apuntó que el Ejecutivo simplemente mandó avisar que la propuesta se haría del rogar un poco más. Tentativamente, el paquete legislativo podría hacer su arribo triunfal este martes por la tarde, dejando a la clase política con la calculadora en la mano y a la expectativa del contenido exacto de los artículos.
Eso sí, la advertencia fue clara y concisa: en esta cancha no se va a jugar al madruguete. La presidencia de la Cámara Baja garantizó que no habrá vías rápidas ni saltos en el reglamento interno. Se acabó la época de aprobar leyes al vapor; el documento deberá seguir el caminito institucional y ser turnado a comisiones directamente, sin excepciones a la regla que vulneren el proceso democrático.
Para que no les coman el mandado, las autoridades legislativas montaron una guardia nocturna. Si a los mensajeros se les ocurre llegar en la madrugada con el fajo de papeles, habrá personal listo para acusar de recibido. Es una medida preventiva de cajón para que nadie salga con el cuento de que la oficialía de partes estaba con la cortina abajo a deshoras.
La transparencia parece ser la tirada principal de la Mesa Directiva. Una vez que el mamotreto cruce las puertas de San Lázaro y pase por los escáneres, se publicará de volada en la Gaceta Parlamentaria. La idea es que los 500 diputados y el pueblo en general puedan echarle un buen lente al texto completo antes de que empiecen los cocolazos argumentativos en la tribuna.
No es para menos el revuelo, pues no se está discutiendo la pavimentación de una avenida. Se trata de una reforma de hondo calado que, de pasar la aduana legislativa, cambiará las reglas electorales para 134 millones de mexicanos. Un tema de este tamaño requiere lupa, bisturí y, sobre todo, que las cosas se hagan a la luz del día y frente a todas las fuerzas políticas.
En cuanto a los tiempos, el reloj legislativo ya tiene su cronograma bien trazado. Si la iniciativa entra este martes mientras el pleno sigue en sesión, se dará el pitazo inmediato a los legisladores. Si la entrega se hace en horas inhábiles, la notificación formal se pasará para la sesión ordinaria del próximo miércoles, respetando la formalidad del recinto.
Una vez completado el protocolo de recepción, la papa caliente pasará a las comisiones correspondientes. Serán estos grupos los encargados de desmenuzar el texto legislativo. López Rabadán confía en que los encargados del dictamen no se vayan por la libre, sino que abran el parlamento, organicen foros y escuchen a los expertos antes de subir cualquier cosa a votación definitiva.
Mientras son peras o son manzanas, la capital del país respira una calma chicha. Los pasillos de San Lázaro se preparan para lo que será, sin lugar a dudas, la madre de todas las batallas legislativas del periodo. Habrá que estar muy truchas a los movimientos de este martes, porque en la política mexicana, del plato a la boca se cae la sopa.





