Hacer un picnic en la Ciudad de México es una forma sencilla de escaparse del ruido sin salir de la urbe. Entre avenidas, museos y barrios históricos, la capital guarda parques ideales para tender un mantel, compartir comida y pasar la tarde sin prisas. La clave está en elegir bien el lugar y planear una canasta práctica, con sabores mexicanos que resistan el traslado y el sol.
Para empezar, Chapultepec sigue siendo el clásico por una razón. Su primera y segunda sección ofrecen amplias áreas de pasto, sombra generosa y la ventaja de tener baños y puestos cercanos. Es perfecto para picnics largos y grupos grandes. Más al sur, el Parque México, en la Condesa, es ideal para planes tranquilos: tiene ambiente relajado, arquitectura art déco y suficiente espacio para sentarse sin sentir que estorbas. Si buscas algo menos concurrido, el Parque Bicentenario, al norte de la ciudad, combina jardines temáticos, lagos y zonas amplias donde es fácil encontrar un rincón más privado. En Coyoacán, el Vivero Nezahualcóyotl ofrece un entorno arbolado y fresco, perfecto para caminar antes o después de comer, aunque conviene llegar temprano los fines de semana.
Una vez elegido el parque, viene la parte más importante: la canasta. Un picnic estilo mexicano no necesita platillos complicados, sino comida que se pueda compartir y comer con las manos. Tortas bien envueltas, quesadillas frías de guisos secos como champiñones o tinga, esquites sin caldo o totopos con salsas espesas funcionan mejor que opciones demasiado líquidas. Las frutas frescas —jícama, sandía, pepino con limón— aportan frescura y ayudan a mantener la hidratación.
El guacamole merece un párrafo aparte. Para evitar el desastre verde, lo mejor es llevarlo en un recipiente hermético pequeño, con una capa delgada de jugo de limón y el hueso del aguacate encima, lo que reduce la oxidación. Transportarlo separado de los totopos y mezclarlo hasta el momento de comer evita derrames y mantiene la textura. Otra opción práctica es llevar aguacates enteros, ya machacarlos ahí mismo con un tenedor, sal y limón.
No olvides las bebidas. El agua natural es indispensable, pero puedes sumar aguas frescas caseras en botellas bien cerradas o termos: jamaica, horchata o limón con chía. Si el picnic es largo, una hielera pequeña ayuda a mantener todo fresco, especialmente en temporada de calor.
Finalmente, piensa en los detalles que hacen la diferencia. Un mantel impermeable, servilletas de tela o papel reutilizable, bolsas para la basura y un pequeño bote para separar residuos facilitan recoger todo al final. Muchos parques de la CDMX son espacios compartidos y cuidarlos también forma parte del plan.
Un buen picnic no se trata de perfección, sino de disfrutar la ciudad a otro ritmo. Con el parque adecuado y una canasta bien pensada, comer al aire libre se convierte en una experiencia sencilla, sabrosa y muy chilanga, incluso sin que el guacamole termine en el fondo de la mochila.







