La presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, puso sobre la mesa una preocupación que ronda en el Congreso: que una reforma electoral no termine debilitando a la oposición bajo el argumento de ahorrar recursos. Por eso, dijo, es una buena noticia que el documento filtrado en días recientes no sea la propuesta oficial del Ejecutivo.
En un encuentro con estudiantes en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), donde habló sobre la agenda parlamentaria y los retos de la representación política, la legisladora explicó algo que suele perderse entre tecnicismos: cambiar las reglas electorales significa cambiar la forma en que se reparte el poder en México.
En palabras simples, una reforma de este tipo puede modificar cuántos legisladores hay, cómo llegan al cargo, cuánto dinero reciben los partidos y qué tan equilibrada es la competencia. López Rabadán sostuvo que el texto que circuló en medios parecía reducir presupuesto y espacios de representación para partidos distintos al oficialismo, lo que —afirmó— afectaría a las minorías y a la pluralidad democrática.
Luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum aclarara que ese documento no corresponde a la iniciativa definitiva, la diputada dijo confiar en esa versión, pero advirtió que la reforma real deberá atender asuntos de fondo: cómo frenar el dinero del crimen organizado en campañas, cómo castigar a partidos que reciban recursos ilegales y cómo evitar que se condicione el voto con programas sociales.
Ante jóvenes universitarios, insistió en que el Congreso no puede ser un espacio cerrado. “Lo que discutimos aquí impacta a sus familias y su futuro”, explicó, al invitar a informarse y asumir una postura política con conocimiento de causa. Para ella, acercar la Cámara a las nuevas generaciones es clave para fortalecer la democracia.
También fue cuestionada sobre el presunto conflicto de intereses entre el secretario de Gobierno capitalino y la Fundación Haghenbeck. Su respuesta fue directa: transparencia total. Señaló que cualquier posible irregularidad debe aclararse públicamente para dar certeza a la ciudadanía, y que si no existe conflicto, también debe explicarse con claridad.
La discusión apenas comienza en el Congreso, pero el mensaje es claro: una reforma electoral no es solo un ajuste técnico, es una decisión que define cómo se compite por el poder y qué tan representadas están todas las voces en el país.






